Sin justicia de la deuda, no hay justicia climática
Vengo de Uganda, un país cuya carga de deuda actual es del 52,4% de su PIB. Uganda, al igual que muchos países del Sur Global, está muy endeudada. Estos países explotan excesivamente sus recursos naturales para saldar la deuda. Justo cuando asistí a la Conferencia de las Naciones Unidas de la Juventud (COY16), el parlamento de Uganda debatió la degradación de tres reservas forestales para que se pudieran construir casas en estas tierras. El cambio climático afecta a todo el mundo y no discrimina si eres joven o viejo. En la actualidad, muchos países se limitan a hablar de boquilla sobre la justicia climática. En este momento, 48 países están gastando cinco veces más en el pago de la deuda que en la mitigación de los efectos devastadores del cambio climático. Algunos no tienen más remedio que explotar sus recursos naturales para pagar sus deudas. Las economías desarrolladas deberían considerar la posibilidad de compensar la deuda de los países altamente endeudados a cambio de actividades de mitigación del cambio climático como la reforestación. De lo contrario, estamos condenados. ¡No puede haber justicia climática sin justicia de la deuda! Creo que deberíamos hacer de la protección del medio ambiente un deber importante para todos. El liderazgo político mundial debería influir en la incorporación del cambio climático en los programas escolares, desde la primaria hasta la universidad. Los líderes religiosos también tienen un papel importante que desempeñar en la agenda de justicia climática: siempre deben recordar a sus congregaciones su obligación de proteger el medio ambiente. Los gobiernos también deberían subvencionar los recursos energéticos alternativos, como la electricidad y el gas, para compensar el uso de la quema de leña y carbón vegetal en África. Por último, el presidente Barack Obama dijo durante su discurso en la COP26: «Nuestro planeta ha sido herido por nuestras acciones, ¡esas acciones no se curarán hoy, mañana o pasado mañana! Pero se pueden curar poco a poco. Si comenzamos con ese espíritu y si cada uno de nosotros puede luchar a través de la frustración ocasional, creo que podemos asegurar un futuro mejor». Tomemos en serio sus palabras y comencemos nuestra lucha por un futuro mejor, comenzando por el tema de la justicia de la deuda.
Por Erasto Magamba
Coordinador de Jóvenes en la Diócesis de Kampala